Si no sabes cómo decirlo, no lo digas: las críticas en la pareja
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Algo que aprendí en mi propia vida —y que después he visto confirmado en consulta una y otra vez— es esto: si no sabes cómo decir algo de la mejor manera, no lo digas. Cállate. Porque si no sabes cómo decirlo bien, lo más probable es que no aporte. Y en pareja, lo que no aporta casi siempre daña.
Las críticas en la pareja son lo que yo llamaría “hielo delgado”: necesitan tanta precisión, tanta conciencia del otro y tanta habilidad para comunicarlas que la mayoría de las veces —aunque la intención sea buena— llegan mal.
Por qué las críticas en pareja son tan delicadas
Porque la pareja es el vínculo donde uno está más expuesto. Es la persona con quien comparto la vida, con quien soy vulnerable, de quien espero que me vea bien. Cuando esa persona me critica —aunque sea con buena intención— el impacto es mucho mayor que si viene de alguien con quien no tengo ese nivel de intimidad.
Lo que escucho mucho en consulta es esto: ella está emprendiendo algo, trabajándolo, haciéndolo lo mejor que puede. El otro la observa y le dice qué hizo mal, qué debería corregir, qué no le gustó. La intención del que critica puede ser genuinamente ayudar. Pero el que recibe la crítica siente que nada de lo que hace le gusta, que todo le parece mal, que no es capaz.
Dos personas con buenas intenciones, un daño real. Eso pasa cuando la crítica llega sin la forma adecuada.
La comunicación perfecta no existe
Desde el psicoanálisis entendemos que la comunicación siempre va a ir “sucia”: lo que uno dice no es lo que el otro escucha. Lacan lo dijo con una frase muy precisa: “lo que uno dice no es lo que el otro escucha”. Porque el otro lo va a filtrar desde su propia subjetividad, desde su historia, desde sus propias sensibilidades.
Eso significa que de entrada ya hay un problema. Que la comunicación perfecta —en la que lo que yo digo llega exactamente como yo lo intenté— no existe. Y en pareja, donde los temas son más cargados emocionalmente, esa distorsión es aún mayor.
Entonces, ¿qué hacemos con eso? Primero, entender que la forma en que decimos las cosas importa tanto o más que el contenido. Segundo, conocer cómo es el otro: si prefiere que las cosas se digan directamente o que se espere el momento, si procesa mejor en caloría o en frío, si reacciona con más dramatismo o con más parquedad. Eso también es un tipo de amor: aprender el idioma del otro.
Hay dos tipos de crítica en pareja
Una que ayuda a crecer y otra que destruye. Y a veces la única diferencia entre las dos no es el contenido sino cómo se dice, cuándo se dice y desde dónde viene.
La crítica que ayuda parte de un lugar de cuidado genuino y se dice de una forma que el otro pueda recibir sin sentirse atacado. No apila todo lo que estuvo mal. Se enfoca en algo concreto. No llega en un momento de conflicto. Y deja espacio para que el otro responda.
La crítica que destruye, en cambio, muchas veces no tiene que ver tanto con ayudar al otro como con aliviar algo propio: la frustración, la ansiedad, el control. Llega en mal momento, acumula varios temas a la vez, y lo deja al otro sintiendose pequeño en lugar de visto.
Una cosa que vale la pena preguntarse antes de hacer una crítica: ¿esto que voy a decir, lo estoy diciendo porque de verdad creo que le va a ayudar, o lo estoy diciendo porque necesito decirlo yo? Si la respuesta honesta es lo segundo, tal vez vale la pena esperar.
Cómo de la familia de origen llegan a la pareja los patrones de comunicación
Hay gente que llega al consultorio y dice frases que me dejan pensando. Cosas como “yo no celebé un cumpleaños hasta que me casé”, o “no sabía lo que era comer en familia hasta que formé la mía”. Eso me dice que la forma en que nos comunicamos en pareja viene, en gran parte, de la forma en que nos comunicamos en la familia donde crecimos.
Hay personas para quienes hacer pedazos al otro es la única forma de comunicación que aprendieron, porque así lo vieron en su casa. No lo hacen con mala intención: simplemente no tienen otro modelo. Cuando se sientan en la silla del consultorio y uno les pregunta, “¿por qué le dice esto así?”, muchas veces responden: “no tengo ni idea”. Y empezando a indagar, aparece: “es que mi papá siempre nos decía eso”. Ahí empieza el trabajo.
La regla que cambia la comunicación en pareja
Si no sabes cómo decirlo de la mejor manera, no lo digas. No en ese momento, al menos.
No porque el silencio sea siempre lo correcto. Sino porque una crítica mal dicha, en el momento equivocado, puede hacer más daño que el problema que intentaba resolver. Y muchos de los conflictos que llegan a consulta no son sobre lo que realmente importa: son sobre la forma en que se dijo algo.
Dicho eso, hay cosas que sí necesitan decirse aunque cuesten. La diferencia es que esas cosas merecen el tiempo de pensar cómo, en qué momento y desde dónde. Si hay algo que te pesa y no sabes cómo decirlo a tu pareja, el espacio terapéutico puede ser un buen lugar para llegar primero: decírselo al psicólogo, procesar cómo llega, y desde ahí entender cómo comunicárselo al otro de una manera que pueda ser recibida.
Preguntas frecuentes sobre la comunicación y las críticas en pareja
¿Es normal discutir en una relación saludable?
Sí, y negarlo sería una fantasía. Los desacuerdos y las tensiones son parte de cualquier relación. Lo que marca la diferencia no es si hay conflictos, sino cómo se resuelven: si hay límites que no se cruzan (no violencia, no humillaciones), si hay capacidad de hablar después del impase y si hay un compromiso compartido de reparar.
¿Cómo decirle algo difícil a mi pareja sin que se lo tome a mal?
Eligiendo el momento: no en caliente, no cuando cualquiera de los dos está agotado o enojado. Siendo específico: una cosa a la vez, no todo acumulado. Partiendo desde lo que te importa, no desde el ataque. Y si no sabes cómo decirlo bien, es preferible esperar o trabajarlo primero en un espacio individual.
¿Cuándo una crítica en pareja es una señal de alerta?
Cuando es repetitiva sobre el mismo tema aunque ya se habló. Cuando busca puntos que duelen aunque no tengan que ver con el asunto que hay que resolver. Cuando el otro ya le dijo que algo le molesta y quien critica lo repite igual. Ahí ya no es una crítica: es una forma de dañar.
¿Por qué cuesta tanto comunicarse bien en pareja si nos conocemos tanto?
Precisamente porque nos conocemos. En los vínculos más íntimos somos más vulnerables, y lo que viene del otro llega con más peso. Además, los patrones de comunicación que aprendimos en la familia de origen tienden a activarse con fuerza en la pareja: a veces sin que lo notéramos hasta que alguien nos lo señala.
Si hay temas que no sabes cómo decirle a tu pareja, o si la forma en que se comunican está generando más distancia que acercamiento, puedes agendar una cita aquí. Podemos trabajarlo desde la terapia de pareja o, si hay cosas que primero necesitas procesar tú, desde la terapia individual.