Por qué es más cómodo quedarse en el papel de víctima (y cómo salir de él)
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Uno de los objetivos más grandes en un proceso terapéutico es que la persona pueda responsabilizarse de su propio sufrimiento. No en el sentido de que todo lo malo que le pasa sea culpa suya, sino en el sentido de preguntarse: ¿qué tengo yo que ver en todo esto? ¿Qué papel juego?
Porque lo que uno escucha —en consulta, en la familia, en los amigos— es casi siempre lo mismo: todos tienen la culpa, menos yo. Y mientras el foco esté afuera, el cambio no puede ocurrir adentro.
¿Cuál es la diferencia entre ser víctima de algo y vivir como víctima?
Es una distincción importante y no siempre fácil de ver desde adentro. Cualquier cosa que te pase —grande o pequeña— tiene un impacto real y tienes todo el derecho a sentirte mal. Eso no está en discusión. Ser víctima de una circunstancia es legítimo.
La diferencia está en lo que haces después. Una vez que estás sufriendo, ¿qué vas a hacer con eso? ¿Te vas a hacer cargo, sobreponerte, hacer lo que te corresponde para levantarte? ¿O te vas a quedar ahí culpando a todo el mundo, esperando que un milagro suceda?
La señal más clara de que alguien ya no está respondiendo a una circunstancia sino instalado en un rol es la repetición: todo lo malo me pasa a mí, siempre, en todos los ámbitos. La pareja, la familia, el trabajo, las amistades. En todas partes hay alguien que le falla. Y en ninguna parte hay nada que tenga que ver con él.
Cómo suena el diálogo interno del victimismo
Hay frases que funcionan como indicadores. Cuando una persona dice “mi vida no va a cambiar”, o “parece que soy la única que sufre”, o “por más que lo intento nada sale bien” —aunque en realidad no esté intentando nada concreto—, hay algo que merece atención.
Ese “por más que lo intento” es especialmente revelador. La persona sabe que la situación la lastima. Sabe que algo no está funcionando. Pero objetivamente no está haciendo nada por cambiarlo. Es un conjunto de quejas sin acción.
Desde el psicoanálisis, hay un rasgo que se llama bella indiferencia: verlo, saberlo y hacerse el desentendido. El que sabe perfectamente cómo funciona un patrón en su vida pero cada vez que las consecuencias aparecen dice “no sé cómo llegue aquí”. La indiferencia hacia el propio papel en lo que ocurre.
Por qué la cómodo quedarse ahí
Porque vivir como uno realmente quiere vivir requiere valor. Y muchísima gente tiene muy poco.
Salir de un matrimonio cuando los padres van a hablar de ti, cuando las amigas te van a mirar con lástima, cuando la sociedad va a juzgarte, es difícil. Dejar un trabajo que todo el mundo alaba pero tú no quieres, también. Apostarlo por algo distinto cuando lo seguro está ahí, también.
Es más cómodo quedarse. Es menos cansado. Es menos conflictivo. Y la forma de sostener esa comodidad sin cuestionarla es convencerse de que no hay opciones, de que no se puede, de que todo esto es culpa de otro. Porque si es culpa de otro, yo no tengo que hacer nada.
Pero siempre hay opciones. Siempre. Lo que pasa es que las opciones reales son más difíciles que la queja.
El insight más liberador: elegir ya no es ser víctima
Esto es algo que puede sonar contradictorio hasta que lo piensas despacio: incluso elegir quedarse en una situación difícil puede dejar de ser victimismo, si es una elección consciente.
He trabajado con una paciente durante mucho tiempo que descubrió infidelidades en su matrimonio. Después de un proceso profundo y honesto, dijo: “Yo podría irme, tengo dónde ir, sé lo que podría hacer. Pero por ahora me voy a quedar. Es lo que elijo”. Me pareció fantástico. Porque esta vez no estaba ahí porque se sintiera pobrecita o porque no hubiera opciones. Esta vez estaba eligiendo. Y en ese momento —en ese momento exacto— dejó de ser víctima.
Cuando le echas la culpa al otro, tu felicidad y tu sufrimiento siempre están en manos de alguien más. Nunca tienes el control. Pero en el momento que dices “soy yo”, todo cambia. Porque entonces tú eliges. Y desde ahí puedes ir a donde quieras.
Cómo salir del rol de víctima
La primera pregunta que vale la pena hacerse es: ¿cuanto tiempo llevo en el mismo camino y ese camino no me lleva a ningún lugar? Porque si llevas diez, veinte, treinta años en lo mismo y sola no saliste, hay algo que solo no lo vas a resolver. Y eso no es un insulto: es una realidad que aplica para casi todos.
Buscar ayuda no es debilidad. Es reconocer que cuando uno está dentro, por lo general no ve. No puede ver su papel en lo que le pasa. Necesita alguien que le señale lo que no ve, que le haga preguntas incómodas, que le cuestione cosas que nunca se ha cuestionado. Eso no lo puede hacer uno solo, por más inteligente o reflexivo que sea.
Y cuando alguien llega a un proceso terapéutico, es importante saber que el psicólogo no te cambia la vida. Te ayuda a ver lo que no ves. Al final del camino, la única persona que elige es el paciente. Siempre.
Preguntas frecuentes sobre el victimismo y la responsabilidad personal
¿Cómo sé si estoy siendo víctima de una situación o si ya me installé en ese papel?
La clave está en la repetición y en lo que haces después. Si algo que ocurrió genera un sufrimiento que tomas en serio y desde el que intentas hacer algo, eso es responder a una circunstancia. Si el patrón se repite en todos los ámbitos de tu vida y siempre hay alguien más a quien culpar, puede haber algo más profundo que vale la pena explorar.
¿Qué es la responsabilidad afectiva y cómo se relaciona con esto?
La responsabilidad afectiva está muy tergiversada: mucha gente la entiende como “el otro tiene que cuidar mis sentimientos”. Pero en realidad cada persona es responsable de cómo recibe y procesa lo que le dicen o le hacen. El otro puede ser imprudente con sus palabras, y eso tiene un costo. Pero cómo me afecta eso a mí, y qué hago con eso, también es mi responsabilidad.
¿Es posible salir del rol de víctima sin ayuda profesional?
En teoría sí; en la práctica, rara vez. El problema principal es que cuando uno está dentro de un patrón, generalmente no puede verlo. Necesita un espacio externo que le permita cuestionarse cosas que no se ha cuestionado nunca. El proceso terapéutico es eso: no te da las respuestas, te ayuda a hacerte las preguntas correctas.
¿Qué pasa cuando alguien ve claramente su patrón pero elige no cambiar nada?
Que sigue siendo una elección. Y una elección consciente ya no es victimismo, aunque no lleve al cambio que otros esperan. El objetivo no es forzar un resultado: es que la persona pueda elegir con claridad qué hace con su propia vida.
Si hay algo en lo que reconoces un patrón que se repite y no sabes cómo verlo desde adentro, puedes agendar una cita aquí. Conoce también cómo trabajo la terapia individual y qué es el psicoanálisis.