Lo que los niños más necesitan no es lo que puedes comprarles

Es una frase que escucho mucho de los padres: “es que yo quiero que él tenga lo que yo no tuve”. Y detrás de esa frase hay un amor genuino y un esfuerzo real. Nadie lo duda. El problema es que a veces ese esfuerzo va hacia un lado y lo que el niño necesita está en otro.

Después de muchos años trabajando con niños y adolescentes, puedo decirte lo que ellos dicen cuando los escuchas de verdad, en el espacio de consulta donde hablan sin filtro. No hablan de lo que no tienen. Hablan de lo que les falta de sus padres.

Lo que los niños dicen en consulta sobre sus padres

No es lo que la mayoría de padres esperaría escuchar. No dicen “me falta un teléfono” o “no tenemos suficiente dinero”. Lo que dicen, una y otra vez, suena más o menos así:

  • “Siempre está en el teléfono.”
  • “Nunca habla conmigo.”
  • “Cuando me lleva a comprar es como si yo necesitara más cosas.”
  • “Me regaló la muñeca, pero quiero jugar con mi mamá en el piso.”
  • “Me regaló la pelota, pero quiero que él juegue conmigo.”

No están siendo injustos con sus padres. Están diciendo lo que necesitan con toda la honestidad que da la infancia.

El mito de que dar cosas es dar amor

Hay una confusión muy instalada entre proveer y estar presente. Son cosas distintas y las dos importan, pero cuando una falta no la compensa la otra.

Muchos padres trabajan enormes jornadas con un solo objetivo: que a sus hijos no les falte nada. Eso es amor, nadie lo va a negar. Pero en el proceso, lo que termina faltando es justamente lo que el trabajo no puede reemplazar: tiempo, mirada, conversación, presencia.

Un niño puede tener todos los juguetes del mundo y seguirse sintiendo solo si quien le compró esos juguetes nunca se sienta a jugar con él. El objeto está ahí. Pero el padre no.

Lo que pasa cuando el tiempo escasea y los regalos abundan

Desde la pandemia, la consulta con niños y adolescentes se triplíco, por decirlo de forma conservadora. Una parte de ese aumento tiene que ver con el aislamiento que el confinamiento produjo en los niños: les quitamos el colegio, que para muchos era el único espacio de acogimiento fuera de casa, y los dejamos más solos que nunca incluso estando todos en el mismo lugar.

Porque estar en la misma casa no es lo mismo que estar presente. Un padre que trabaja desde el cuarto de al lado con auriculares puestos y una niña que pasa el día sola mirando una pantalla están bajo el mismo techo pero muy lejos el uno del otro.

Lo que sí necesitan: tiempo y presencia real

Algo que me parece importante decir con claridad: no se necesita tiempo perfecto. No hace falta organizar un plan especial ni llevarlos a un lugar emocionante ni tener palabras exactas para cada situación.

En muchas ocasiones —y esto puede sonar increíble si no lo has visto— podrías no darles nada y simplemente sentarte al lado de tu hijo, y eso ya le importa. Quedarte ahí. Sin mirar el teléfono. Sin resolver otra cosa. Solo estar.

Los niños no necesitan que sepas exactamente qué decirles. Necesitan que estés. Y en los momentos en que están sufriendo, lo que más les ayuda no es que les des la respuesta correcta, sino que no estén solos en eso.

Qué hacer cuando no sabes qué decirle a tu hijo

Es una situación más frecuente de lo que parece: el niño está mal y el padre no sabe cómo acercarse. No sabe qué decir. Tiene miedo de decir lo incorrecto y empeorar las cosas.

Lo que les digo a los adolescentes con los que trabajo cuando no pueden hablar con sus padres es esto: si no puedes hablar, busca a tu mamá, busca a tu papá, siéntate al lado. No tienes que decir nada. Solo no te aísles. Porque cuando uno está sufriendo, lo que necesita es que alguien lo acoja. Si no tienes las palabras exactas, la presencia ya es algo.

Y a los padres les digo lo mismo: si no sabes qué decirle, busca la forma de estar cerca. Pregunta cómo está. Haz una broma. Cuéntale algo de tu día. Abre una puerta pequeña. No siempre tiene que ser una conversación profunda para que cuente.

Preguntas frecuentes sobre el tiempo y la presencia parental

¿Cuánto tiempo al día necesito pasar con mi hijo para que se sienta bien?
No hay una cantidad mágica de minutos. Lo que más importa es la calidad de ese tiempo: que estés presente de verdad, sin el teléfono, mirando al niño y no a otro lado. Incluso momentos cortos y genuinos pueden pesar mucho más que horas de convivencia en las que cada uno está en su mundo.

¿Qué hago si trabajo mucho y tengo poco tiempo?
Usar bien el tiempo que sí tienes. El desayuno, el camino al colegio, los diez minutos antes de dormir. Son momentos pequeños pero sostenidos en el tiempo que construyen un vínculo. Lo que desgasta al niño no es que el padre trabaje mucho: es sentir que cuando el padre está tampoco está.

¿Pueden los regalos o actividades compensar la falta de tiempo?
No del todo. Los objetos y las actividades son parte de la vida familiar y está bien que existan, pero no reemplazan la presencia emocional. Un niño prefiere que juegues con él en el piso con la pelota que regalaste a que le regales otra pelota que usa solo.

¿Cómo sé si mi hijo se siente solo aunque esté en casa?
Observa si hay cambios en su ánimo, su sueño, su apetito o su conducta que se sostengan en el tiempo. Pregúntale cómo está y escucha la respuesta de verdad. A veces la soledad en casa no es visible hasta que alguien la nombra.

Si notas que algo no está bien en tu hijo y no sabes cómo acercarte, puedes agendar una cita aquí. También puedes conocer cómo trabajo la terapia infanto-adolescente y las intervenciones familiares.

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