El tiempo no se pierde: por qué una mala elección no tiene por qué definir tu vida

“Perdí tantos años.” Es una de las frases más comunes que escucho en consulta. Viene acompañada de una imagen muy concreta: años dados a una relación que no funcionó, a una carrera que no querías, a expectativas que no eran tuyas. Y con ella viene una sensación muy específica: la de que ese tiempo ya no se recupera, que se fue, que te lo quitaron.

Quiero decirte algo que puede sonar difícil al principio: el tiempo no se pierde. Nadie te lo quitó. El tiempo estaba transcurriendo mientras transcurría tu vida, y tú la estabas viviendo.

¿Qué significa realmente “perder el tiempo”?

La idea de haber perdido años parte de un supuesto que merece examinarse: que existía un camino correcto que no tomaste, y que los años que viviste en el camino equivocado son años que deberían haber sido de otra manera.

Pero ese camino correcto no existía en ese momento. Tú tomaste las decisiones que pudiste tomar con lo que tenías —la historia que cargabas, lo que sabías, lo que no sabías, los miedos que tenías, los mandatos que cargabas—. Y dentro de esos años que llamas perdidos hubo momentos en que estuviste bien y momentos en que estuviste mal. Eso no es perder el tiempo. Eso es vivir.

El problema —el verdadero— no fue tomar malas decisiones. Casi nadie escapa de ellas. El problema es quedarse en las malas decisiones sin querer hacer nada para cambiarlas.

El problema no son las malas elecciones

Puedes tomar malas decisiones toda tu vida y aun así reinventarte todos los días si quieres. Puedes haber elegido la pareja equivocada, la carrera equivocada, haber permanecido en una familia que te hacía daño. Eso no define quién eres ni lo que puedes hacer ahora. Lo que sí puede definirte —si lo dejas— es rendirte ante eso. Porque rendirse es más fácil. Es menos cansado. Es menos conflictivo. Y cuando uno se rinde, la forma de sostener esa rendición sin cuestionarla es convencerse de que “no había otra opción”.

Pero casi siempre hay otra opción. Lo que pasa es que las opciones reales suelen requerir un tipo de valor que da miedo tener.

Lo más doloroso no es cuando otros nos fallan

Después de muchos años de consulta, me atrevo a decirlo: lo más difícil de entender y de perdonar no es cuando otros nos fallan. Es cuando nos damos cuenta de lo que nosotros mismos nos hemos hecho.

Una de las frases más comunes que escucho de mujeres de 60 o 70 años en consulta es: “¿Cómo me hice esto a mí?” “¿Por qué viví de esta manera?” “¿Por qué no vine antes?”

Esa pregunta duele de una forma particular porque implica reconocer que hubo un papel propio en lo que pasó. Que no todo fue lo que la vida o los demás hicieron con uno. Que en algún momento uno también eligió —o dejó de elegir— y eso también cuenta.

Ese reconocimiento puede ser el momento más difícil del proceso terapéutico. Y también puede ser el más liberador.

Nunca es tarde para reinventarse

Es algo que veo y que me emociona cada vez que sucede: mujeres de 60, 65, 70 años que llegan a consulta con historias muy duras, muy largas, muy pesadas —y que se reinventan. No de golpe. No sin dolor. Pero se reinventan.

Las ves comprar un pasaje a un país que siempre quisieron conocer y al que nunca fueron porque “no las dejaban” o porque priorizaban a todo el mundo menos a ellas mismas. Las ves poniendo límites por primera vez. Las ves contentas en fotos, contando cosas, viviendo diferente. Y ahí te das cuenta de que no era demasiado tarde. Nunca fue demasiado tarde.

Reinventarse no significa borrarlo todo ni empezar desde cero. Significa que a partir de aquí, con lo que tienes y lo que sabes, decides cómo quieres vivir. No según las expectativas de tu madre, de tu padre, de la pareja con quien te casaste, de los hijos que tenías que tener de cierta manera. Según lo que tú quieres.

El miedo no desaparece: hay que actuar con él

Una de las cosas que más paraliza no es la falta de opciones, sino el miedo a las opciones que sí existen. El miedo al qué dirán, al fracaso, a la soledad, a lo desconocido.

Pero el miedo no se va. Ese es el punto que mucha gente no quiere escuchar. Puedes esperar a que el miedo desaparezca para actuar, y esperar toda la vida. O puedes actuar con miedo. Hacerlo igual, sin la garantía de que va a salir bien, sin la certeza de que es lo correcto, pero desde tu propia decisión.

Yo hago casi todo con miedo. Generalmente no lo hago en calma ni con certeza. Lo hago con miedo. Y eso, con el tiempo, enseña algo que no se puede aprender de otra manera: que del otro lado del miedo casi siempre hay algo que vale la pena.

Preguntas frecuentes sobre malas elecciones y reinvención

¿Es normal sentir que uno “perdió años” en una relación o situación que no funcionó?
Es muy frecuente y comprensible. Pero el tiempo no se pierde: pasaba mientras tú vivías, con todo lo que eso implicaba. El duelo por ese tiempo es leagítimo. El problema es cuando ese duelo se convierte en el argumento para no hacer nada nuevo.

¿Puedo reinventarme después de los 50 o 60 años?
Sí, completamente. No existe una edad a partir de la cual el cambio deje de ser posible. Lo que sí cambia con los años es la perspectiva —y muchas veces eso hace que el cambio cuando ocurre sea más consciente y más propio que cualquier cambio que se haya hecho antes.

¿Cómo se diferencia arrepentirse de algo saludablemente de quedarse atrapado en eso?
El arrepentimiento saludable reconoce lo que pasó, hace el duelo sobre ello y desde ahí orienta las decisiones futuras. Quedarse atrapado en el arrepentimiento es usar el pasado como argumento permanente para no moverse: “perdí tanto que ya no vale la pena intentar nada”.

¿Cómo la terapia puede ayudar a entender las malas elecciones del pasado?
El proceso terapéutico permite explorar qué había detrás de esas decisiones —los mandatos, los miedos, la historia, las dinámicas inconscientes que estaban operando—. Eso no borra lo que pasó, pero permite entenderlo de otra manera y desde ahí tomar decisiones más propias en adelante.

Si hay algo del pasado que sientes que sigue pesando y no sabes cómo soltarlo, puedes agendar una cita aquí. Conoce también cómo trabajo la terapia individual y qué es el psicoanálisis.

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